¡Ay, las albóndigas de La Tronja!

Tengo un amigo que cada vez que pasa por delante de La Tronja, esa pequeña pero deliciosa casa de comidas en la calle San Agustín, expresa con entusiasmo: "¡ay, las albóndigas de La Tronja!". No es para menos. Ese manjar allí lo preparan a la perfección, como casi todo lo que ofrecen. Comida casera, sencilla, pero muy bien elaborada y a precios muy populares. Es un lugar imprescindible en el casco para comer muy bien, beber buen vino de la tierra, y pagar muy poco. 

José Luis Reina / San Cristóbal de La Laguna

Las albóndigas con papas fritas de La Tronja.
Las albóndigas con papas fritas de La Tronja.

Un potaje de berros como el de nuestras madres, unas potas en salsa con sabor a cocina de nuestras abuelas, una ensaladilla de las de verdad, carne en salsa, atún en adobo, pulpo guisado, croquetas de pescado... Los platos de La Tronja son tan apetecibles, y los preparan tan bien, que su aparición en el casco de La Laguna era tan necesaria como celebrada.

El pequeño comedor es anexo al bar del mismo nombre, ubicado en una preciosa casa lagunera. Unas cinco mesas dentro, y otras tantas en su terraza, esta esquina de la admirada calle San Agustín se ha consolidado como una de las zonas más activas del casco histórico de La Laguna. Con el Pan de Lata en frente, ese acogedor rincón lagunero respira vida, aportando un ambiente excepcional y ampliando la oferta gastronómica y de terrazas más allá de Herradores y Carrera. Esa es la gran labor que cumplen nuestros bares, nuestras tascas y nuestros restaurantes. No solo satisfacen a los comensales, sino que sirven como principal fuente de dinamización para una ciudad que no deja de crecer en este sentido. 

Potaje de berros. La Tronja.
Potaje de berros. La Tronja.

Y este concepto que nos ofrece La Tronja era más que necesario. Salir de la oferta de tasca tradicional para ofrecer comida de siempre, tan arraigada a nuestra tierra y elaborada con el sabor de antaño. Ahora bien, todos esas propuestas en la carta quedan muy bien, pero muchas veces cuando de las letras pasan al plato, y del plato a la mesa, la decepción es notable. No es el caso de esta casa. Por eso no solo se ha consolidado con solvencia, sino que ha fidelizado a una clientela que ya acude a su comedor como quien acude el domingo a comer a casa de su madre. Algunos intentaron apostar en el pasado por este concepto en el casco de La Laguna, sin éxito. Bien porque los platos carecían de nivel, o bien porque los precios eran ridículamente altos. 

Potas en salsa. La Tronja.
Potas en salsa. La Tronja.

Y como es evidente, con este tipo de platos no puede uno titubear. Porque el comensal los conoce, los aprecia y los disfruta. Si está al nivel, los demandará de manera regular, y hará de esa casa una extensión de la propia. Pero, como le ha pasado a otros muchos, si no están al nivel adecuado, ni siquiera lo ubicarán en el mapa gastronómico. Por eso, queridos amigos, hay que gritar con éxtasis ¡larga vida a La Tronja! (y a sus albóndigas).

Accesibilidad: El local cuenta con terraza, pero por sus dimensiones y escalón para el acceso al interior, así como las dimensiones y dificultad de acceso el baño, no es el más adecuado para personas con movilidad reducida.