Cuando esto pase...

Seguramente es la frase más leída, escuchada y pronunciada en nuestros círculos familiares y de amistades. Ese "cuando esto pase", que nunca tuvo tanto sentido, suena a deseo presidiario de ver la luz y reencontrarse con la realidad.  

Cómo añoramos esos insignificantes paseos sin rumbo ni horario, esa caña a deshora y esas sobremesas eternas mientras vemos la vida pasar en una terraza donde a la hora del aperitivo hacía calor, por la tarde ya hacía fresco, y por la noche, y a pesar del vino, nos vemos obligados a decirle al camarero eso "¿tendrá mesa dentro?".

Cuando todo esto acabe respiraremos, para empezar. Y no es mal comienzo. Respiraremos por haber conseguido contarlo, que no es poca cosa.

Pero sobre todo, cuando todo esto acabe, tendremos la formidable labor de hacer realidad todos los compromisos que hemos ido acumulando en esta cuarentena que ya empieza a ser secular.

Y esa es una misión formidable. Nuestro espíritu festivo nos llevará, de manera inequívoca, y como debe ser, a nuestros bares, nuestras tascas y nuestros restaurantes. Porque si no, ¿dónde vamos a celebrar nada?

Porque si ya de por si es triste ver nuestras calles vacías, más lo es aún no poder pasearlas con los nuestros.

No voy a hablar en esta reflexión sobre el enemigo contra el que estamos luchando. Ya bastante lo llevamos haciendo estas semanas, y lo que nos queda.

Estas líneas son simplemente para viajar al futuro, y vernos de nuevo festejar el hermoso hecho de estar vivos. Porque al final todo se resume en eso, en tener la fortuna de poder luchar contra algo y ganarle.

Así pues, apreciados lectores, hagan el esfuerzo de no mirar atrás, y sonrían mirando hacia delante. Por allí, al final de la agonía, es donde nos volveremos a encontrar. Y será allí donde lo celebremos.

José Luis Reina