De Faracho a Cristian, pasando por La Reserva

Por diferentes motivos, estas últimas semanas he comido en tres de los mejores restaurantes que tenemos en La Laguna. Tres casas que no paran de crecer en calidad, en servicio y por supuesto en clientela. Hablo de Tasca Faracho, La Tasca de Cristian y La Reserva de Herradores. Un trío de ases ganador. 

José Luis Reina / San Cristóbal de La Laguna

Chuleta de vaca rubia gallega en La Tasca de Cristian.
Chuleta de vaca rubia gallega en La Tasca de Cristian.

Este triple homenaje requiere de antelación, por lo que la improvisación a la hora de comer bien ya se terminó. Al menos hasta nuevo aviso. Llamé con una semana y media de antelación a Faracho, aún con riesgo de no conseguir mesa, pues su demanda es realmente importante. Afortunadamente, la ilustre casa nos preparó una mesa para tres, a la hora del almuerzo, y allí fuimos tres amigos a disfrutar. Un servicio de sala muy rodado y eficiente, cercano pero no protagonista, con un asesoramiento total, y que nos invita a probar nuevos sabores explicando muy bien su producto. Ese servicio fue fundamental para elegir los vinos, ya que Faracho cuenta con una bodega potente, de vinos muy especiales, muchos de pequeña producción y desconocidos. De ahí que lo mejor sea dejarse aconsejar por el jefe de sala, que además es el que los compra, y el que sabe encajar perfectamente nuestras preferencias. Nos sorprendió especialmente la botella de Vara y Pulgar, un vino de Cádiz elaborado con uva Tintilla de Rota, y que colecciona numerosas alabanzas por la prensa especializada. En la mesa, hermosas y sabrosas alcachofas con foie, unos espárragos sensacionales, carrilleras de cerdo o un lomo alto acompañaban a la perfección los placenteros tragos de tinto. Para terminar, las quesadillas y la tarta de queso, sublimes. 

Tasca Faracho, en la calle Santo Domingo.
Tasca Faracho, en la calle Santo Domingo.

Por la noche, y para aprovechar bien el tiempo ya que uno de los comensales volaba al día siguiente, teníamos que seguir con una ruta exprés por las calles del casco. Y por supuesto, elegimos La Reserva de Herradores. Casa de buen comer y de buen vino.  Sentados en el reservado de su bonito local, Javier, su propietario, nos sirvió unas croquetas muy bien preparadas, una tortilla de bacalao muy jugosa, y en mi opinión uno de los puntos fuertes de su carta, las fabes con pato, col y zanahoria. Un plato potente, generoso, y de un sabor extraordinario, y como se suele decir, idóneo para sentar las madres. Un fin de fiesta en un restaurante consolidado, donde se hacen las cosas con mimo, y donde uno puede llevar a cualquier invitado que siempre quedará bien. Se podrán imaginar que el comensal viajero se fue de La Laguna con muy buen sabor de boca, y planeando su regreso con especial interés. 

Fabes con pato, col y zanahoria.
Fabes con pato, col y zanahoria.

Hace unos días cené, al fin, en La Tasca de Cristian. No había regresado desde su reapertura y debo reconocer que está en plena forma. El joven Cristian sigue adelante con su revolución gastronómica en la ciudad, y ha conseguido situar a su casa como uno de los grandes referentes de la isla. Reserva con una semana de antelación, y con mesa en el primer turno, el de las 20.00 horas para cinco personas. Vaya cena. Un plato de buen jamón y una torta del casar para ir abriendo boca, tiradito de salmón, que suponen un bocado brillante y tiradito de pez mantequilla ahumado con trufa, huevas de trucha, soja y peta zetas, con sus características explosiones en boca que además de divertir potencian el sabor. 

Tiradito de salmón en La Tasca de Cristian.
Tiradito de salmón en La Tasca de Cristian.

Continuamos con otro fuera de carta, una ensalada de pastrami, con un aliño de mostaza y queso azul. Sensacional. Platos que se incorporan con nivel a la ya respetable carta de Cristian. Justo frente a mí, la nevera donde maduran las piezas de carne. Una selección que supone uno de los mejores secretos de Cristian. Complicado encontrar carnes de ese nivel. Elegimos una chuleta de vaca rubia gallega, al punto. Su sabor es incomparable. Una madurez única, la grasa le aporta una potencia y sabor de un nivel estratosférico, y cuando te adentras en los alrededores del hueso sientes haber descubierto el santo grial. Todo eso regado con Matarromera y rodeado de risas y buen diálogo. ¿Existe algo más después de eso? Pues sí, la tarta de manzana. Fue el último disparo de Cristian desde la cocina. Un genio que sitúa a nuestro municipio muy alto. Tan alto como llegará él.