La hostelería, al límite: "Estamos hundidos"

Llantos, confusión, impotencia, miedo y tristeza. Es la situación que vive el sector de la hostelería desde que el Gobierno de Canarias comunicara las nuevas restricciones en Tenerife. El cierre del interior de estos negocios, y el aforo al 50% en terraza, en grupos de cuatro y solo convivientes, ha terminado de rematar a un tejido económico fundamental en la isla.

José Luis Reina / San Cristóbal de La Laguna

Calle Herradores, este jueves.
Calle Herradores, este jueves.

El sentir el día después del anuncio de las restricciones en las calles de La Laguna era desolador. Entre llantos de rabia y tristeza, los bares y restaurantes debaten con sus clientes sobre las medidas que entrarán en vigor a partir de este sábado, con una posición unánime: se sienten injustamente tratados y muchos adelantan que no podrán aguantar esta última estocada. "Tengo dos mesas en la terraza, no voy a abrir mi local para atenderlas. Eso agrandaría mis pérdidas", asegura el propietario de un conocido bar en La Concepción.

Y así, desde San Benito, hasta La Cuesta, pasando por Taco, Tejina, Bajamar o Valle Guerra. El municipio llora lo que supone, para muchos, el cierre difinitivo. "No tenemos ayudas, no tenemos dinero para aguantar tantos días. Miles de familias se quedan sin trabajo en plena navidades".

Lo cierto es que las medidas fueron un auténtico jarro de agua fría, o helada, en el sector. "Jugamos con mucha desventaja. El tranvía a reventar, los centros comerciales al máximo, pero el problema de todos somos nosotros".

Numerosos clientes apuraban en la mañana de este jueves los últimos cafés en su bar de confianza, el que dejarán de tomar al menos durante quince días. Porque, aunque tengan la posibilidad de consumir en la terraza, la gran mayoría de negocios optará por el cierre total, pues esta opción no es rentable. "Lo que consumen los clientes en las terrazas no compensa para tener a empleados en varios turnos, cumplir con todas las medidas de seguridad, pagar el alquiler del local, a los proveedores, los seguros y la logística", afirma la propietaria de un restaurante en La Cuesta, cuyo mayor beneficio lo consigue en la barra.

Estos negocios llevan batallando contra el virus desde que llegó a nuestras vidas. Diferentes medidas a las que se han ido adaptando, multas de por medio, para ser un lugar seguro. Separación de mesas, limpieza continua, cierre de la barra, control del aforo... Y ahora llegó lo peor, el cierre total en los meses de mayor ganancia. "No se trata de hacer caja, se trata de llevar un sueldo a casa, como el de todos los empleados. Estas medidas nos remata, estamos hundidos".

Muchos otros se adaptarán como puedan para seguir ofreciendo comida para llevar, algo que les salvó durante el confinamiento, aunque con unos ingresos justos para no cerrar definitivamente. Pero el problema ahora es que el colchón de ahorros de desinfló durante la peor parte de la pandemia, y ahora las fuerzas flaquean. No les vale el ejemplo de Alemania, donde han optado por el cierre total, pues allí "los negocios reciben ayudas directas y eficaces, así es más fácil aguantar el cierre, aquí nos vamos al fondo del precipicio".

Son las navidades más tristes que se recuerdan. Las calles lucen una iluminación preciosa, pero tras las mascarillas se esconde una tristeza que ya dura demasiado. Es la lucha contra un enemigo insaciable y cruel. Muchas personas, además de cenar solas en las fechas más señaladas, lo harán con el peor regalo de navidad posible, el desempleo. Lejos quedan los grupos de villancicos, las aglomeraciones festivas, las cenas eternas y ese añorado espíritu navideño. Este año, y hasta que le ganemos la batalla al virus, solo nos quedará el recuerdo de los tiempos mejores y el deseo de que el próximo año sea mejor. Y por encima de todo, que estemos todos.