Ni vacío, ni pasos perdidos

26.03.2020

Éramos tan vulnerables que ni siquiera nos dimos cuenta. Paseábamos con la confianza de la inmortalidad, con la soberbia de la apropiación y con la ignorancia del necio. Caminábamos sin percatarnos de la belleza que nos rodea. Mirada en el suelo, ritmo obligado, amargura impuesta.

José Luis Reina
José Luis Reina

Ahora, el enemigo invisible atemoriza hasta al más fuerte de los reyes, y al más idiota de los idiotas. Miramos con nostalgia la calle, y apreciamos hasta los diferentes tonos de los árboles que vemos a lo lejos. Recordamos el olor a tierra mojada, los paseos de madrugada, lo besos en la barra, o el último baile contigo.

De repente nos dimos cuenta de lo valiosa que es la vida, y de lo bella que es la libertad. Cuando no la tenemos. Como cuando desaparece el amor, y te enseña lo bonito que era estar enamorado.

Ahora que hemos parado, que este periodo de reflexión dura más de lo debido, toca darle una oportunidad a lo perdido. Que este encierro te haga mejor persona, mejor amigo y mejor amante. Que este vacío te hable de antes. Que no te vuelvas a creer eterno, porque la eternidad desaparece con la misma velocidad que se expande el virus. Que no volvamos a aprender a golpes, porque entonces no habremos aprendido.

Que vuelva pronto el sábado de partido, el café de las diez, y la copa del domingo.

Que los abrazos inunden las calles, que no se escuche más el vacío, ni los pasos perdidos.

Que desaparezcan las mascarillas para poder besar sin testigos.

Y que todo esto cambie el destino de los suplicios, que cierre las puertas a las guerras sin sentido, y que derrote al verdadero enemigo.